Latest Literature
Popular Literature
Mosca-Bustamante: Sísifo y la relatividad PDF Drucken E-Mail

Lidio Mosca-Bustamante: Sísifo y la relatividad

 

Sísifo, exhausto, limpió el  sudor de su frente con el dorso de la mano y se dispuso a descansar un momento sentándose sobre una roca. Miró la cima de la colina y la piedra de mármol que no podía empinar hasta allí,  mientras calmaba, lentamente, su respiración ahogada. Como el sol ya había requemado su piel , todo su cuerpo,  cubierto de sudor,  lucía un tinte acanelado  relumbrante bajo la luz del mediodía.
    Pensó con profunda nostalgia en la pérdida de su reino de Corinto.: había construido con inigualable tesón la espléndida ciudad y hubiese podido reinar en ella para siempre. ¿Qué lo había llevado a  traicionar a Zeus? ¿Por qué no se abstuvo de hacerle saber al dios Asopo que aquél le hubo robado su hija Egina?
    Así se lamentaba mientras se ponía de pie y afirmaba las manos contra la piedra y los pies sobre la tierra árida. Poco a poco subió dando pasos cortos, obligado a detenerse de a momentos cambiando la posición. A veces le era conveniente apoyar la espalda sobre la gran masa esferoidal de mármol y los pies por los talones en la áspera tierra. Con las palmas de las manos,  ardientes,   impedía así la caída. Después le era necesario girar por completo y asir la roca  de frente para lograr un pequeño avance. Medía con gran destreza la reserva de sus fuerzas y respiraba con cuidada economía para lograr la empresa.
    Giró la vista: apenas le quedaban dos o tres metros hasta la cumbre. A causa de la inclinación no podía hacer un cálculo exacto de la distancia. Un haz de luz se reflejó sobre el pedregal y tuvo que cerrar los ojos. Ese instante lo desconcentró, las piernas le temblaron y luego le cimbró todo el cuerpo; a duras penas consiguió evitar ser arrollado por la pesada masa que se despeñó una vez más,  a un paso ya de la cima. La vio rodar con gran estrépito hasta el valle, levantando nubes de polvo, cuesta abajo y , finalmente, quedarse quieta, insolente, invitándolo en silencio.
    Regresó a la llanura no sin esfuerzo, maldiciendo a Zeus por haberlo enviado al averno. Una mezcla de odio y tristeza le carcomió las entrañas. Cubrió el rostro con las manos para ahogar la explosión del llanto: el sufrimiento al que estaba condenado era demasiado,  para él. Qué curiosa su naturaleza:  en una oportunidad encadenó a Thanatos y detuvo la muerte en la tierra, pero no era lo suficientemente diestro para empinar la piedra en la colina. Luego quiso recordar cuánto tiempo llevaba prisionero en ese infierno, cuando  vio llegar un hombre de mediana estatura y cuerpo de atleta.
    -Soy Ofísis -dijo, a modo de saludo.
    -¿Quién te envía? ¿Zeus?
    -No. Soy un espíritu libre. No tengo dioses que me puedan ayudar ni condenar. Estoy dando un paseo por aquí.
    El visitante vestía atuendo blanco, con el pecho descubierto y sólo cruzado por una banda de cuero con remaches de metal. Lucía espléndidas sandalias y en sus antebrazos muñequeras adornadas con bordes de plata.
    -Esa piedra te tiene mal...¿no?- lo miró a los ojos  Llevó su mirada luego a la mole de mármol y, finalmente, a la cumbre.
    -Por qué negarlo -contestó-. dicen que después de que Zeus me castigó soy famoso, que sirvo de escarmiento y ejemplo para millones. Además, aseguran que nunca podré cumplir la penitencia.
    -¿Me dejas que te ayude?
    La pregunta sorprendió a Sísifo. Sonrió irónicamente y miró de la cabeza a los pies a Ofísis.
    -Si te crees lo suficientemente fuerte y hábil para hacerlo, inténtalo -y se cruzó de brazos esperando la acción del retador.
    Se llevaría un chasco. Él, Sísifo, había estudiado  los caminos posibles hasta la cúspide y ninguno era ventajoso, por el contrario, la irregularidad del terreno presentaba zonas de tierra blanda en las cuales se hundía la colosal bola de mármol , y otras rocosas sobre las cuales  resbalaba.  Asimismo conocía en detalle los accidentes de la superficie de la misma piedra, sus diversos realces y asperezas.:  sabía que por esto al empujarla se trababa a cada instante.
    Ofísis miró la imponente masa y luego puso la vista en la montaña. Se quedó parado a unos tres metros de la piedra, concentrado y preparándose para el desafío. Después de unos segundos afirmó las manos sobre la superficie de la esfera y, con lentitud, avanzó hacia arriba como podía. Parecía que la tarea le era tan difícil como a Sísifo. Éste, por su lado, pensó que no tenía más que esperar hasta el último momento del  ascenso; sabía por experiencia que, en el mejor de los casos,  en los pasos finales se desmoronaría.. Mientras Ofísis luchaba denodadamente Sísifo descansaba, se divertía,  y olvidaba, por el momento, sus pesares Así fue pasando el tiempo y, cuando la roca y el hombre llegaron al lugar crucial, Sísifo se puso de pie para ver mejor la caída de ambos.
Pero nada de eso sucedió. Ofísis dio un impulso corto y decidido  colocando la mole justo en la punta de la colina y, luego de asegurarse de que ella estaba firme en el lugar,  bajó al encuentro de Sísifo.
    -¿Cómo es posible que lo hayas logrado? -preguntó.
    -Esa es tu piedra, no la mía -respondió Ofísis
Y se fue como había llegado, hasta perderse detrás del horizonte.
 


Lesen Sie die deutsche Fassung hier!

 

Comments
RSS
Only registered users can write comments!

3.20 Copyright (C) 2007 Alain Georgette / Copyright (C) 2006 Frantisek Hliva. All rights reserved."

 
< zurück   weiter >
Home
Search - Suche
Sitemap
Newsfeeds
Newsletter
Weather
Zitig Polls
Podcast
Links
Recommend
Suggestions for authors
Authors
Imprint
Contact - Kontakt
Zitig Login